¿Qué es lo que pasa por tu cabeza?

Desde que has bajado de la parada de autobús notas un frío nocturno y erizador. El local, a la otra esquina de la calle, emana música y luz. Pocos vehículos pasan por la calle que cruzas irresponsablemente. Observas que han retirado las mesitas que cercaban una terraza veraniega los días más soleados de este mes. Puerta cerrada, acercas la mano al pomo, y lo giras.

Al cruzar el umbral de la puerta, la banda sonora del lugar te golpea primero y te acaricia después. Huele a tinta, a redacción, a suelo plastificado y a madera. Ves un montón de mesas, redondas y cuadradas, pero todas pequeñas y con dos integrantes en cada una de las mismas. Son personas que dialogan, que conversan, que se llevan las manos a la cabeza o los dedos a la nariz. Se parecen mucho, y son diferentes en gestos, expresiones y vestimentas. Su murmullo no está por encima del hilo musical, pero se escuchan tenuemente algunos temas. Te acercas a una conversación.

Están comentando personajes ficticios de libros y películas. Hablan de Dexter, de lo que disfruta con su pasatiempo y lo mucho que quiere a su hija; argumentan sobre el Señor Cobb, si todo es un sueño o una vigilia constante; escuchas que hablan de Holden Caudfield, sus orgullosos errores y su historia relacionada con John Lennon; Vito Corleone; Artemis Fowl; Melquíades; Watchmen…

En este local puedes saber lo que beben por la forma del vaso. Una copa es la señal internacional del vino. Un tubo indica al refresco. Un vaso ancho engloba a muchos licores, ya identificables por su color y aroma. Incluso los recipientes de cerveza te dicen de dónde procede la bebida. Pero todos disfrutan de su pareja conversadora y del líquido que sostengan en la mano. No hay un televisor, no hay una notificación de mensaje, no hay un grito más alzado que otro.

Te asomas al tocadiscos, al jukebox, a la gramola. Se encuentra en el centro de la sala, quizás es mera decoración porque la música emana de los altavoces repartidos por todas las paredes. En ella te detienes, y te percatas de una conversación en la que ninguno de los integrantes mueve la boca, ninguna eleva un gesto. Son dos personas que se están mirando, que están haciendo algo, que intercambian algo. En esa mesa no corre el aire ni la cuenta está pagada. De vez en cuando, una de ellas realiza una mueca, sonríe o arquea una ceja. Pero no separan los dientes superiores de los inferiores, no sueltan palabra.

Al fondo de la estancia te espera tu asiento. Todo un sofá vacío, tres plazas, tapizado de un color y situado de cara a la sala, de manera que puedes ver quién entra y sale del baño y de la puerta. Te reposas en uno de los extremos, te acomodas, abres el libro y bajas la vista hasta la historia que estás leyendo: esta entrada.

Y lo más triste, es que todas estas situaciones ocurren dentro de una misma persona.

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Un pensamiento en “¿Qué es lo que pasa por tu cabeza?

  1. Creo que de todas las cosas que hasta ahora he leido de las que has escrito en tu blog, esta es de las que más me gusta, porque en ella te veo a ti, es más tu.

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