Más allá de las señales horarias

Esta Semana Santa me he enrolado en labores de producción para la programación especial de COPE Málaga en esos días tan culturales. Llamar, redactar, correr, confirmar, negociar, ajustar, servir y editar; son algunos verbos que incluyen las tareas de un productor durante una semana en la que consistía en descansar, comer, trabajar y volver a la cama. Diez horas diarias (como mínimo) en un locutorio. ¿Mereció la pena? Claro que sí.

El Domingo de Ramos aterricé en el estudio, el mismo en el que me encuentro desde octubre del año pasado. Sin embargo, los colores de las paredes parecían distintos y creí que los muebles estaban cambiados. “Mucho ojo, que ha llegado el novato”. Sabía lo que tenía que hacer, incluso cuándo debía cumplir. Pero por muchos simulacros, ¿cómo debería hacerlo? La persona que estaba en el otro lado del teléfono de la DGT me hablaba en un dialecto, de momento incomprensible, para decir “todo tranquilo”. Las rondas este y oeste de la ciudad estaban más despejadas que mi cabeza.

Volvía a casa, a mi cuarto, a mi cama. Con un largo sueño conseguía que los músculos respondieran adecuadamente un día más, una tarde menos para llegar a la última jornada. Era duro, pero era un trabajo que me hace feliz. El mérito no era mío, era de nosotros: los técnicos, de ellos dependían todas las conexiones y los bocatas jamonyqueso; los comentaristas a pie de calle, que fotografiaban los hechos para que todos pudiésemos verlos con los oídos; el equipo técnico, inerte pero imprescindible; el capitán general (y comandante en jefe), todo un indicativo de profesionalidad, organización y maestría frente al micrófono; y nuestra voz enganchada a la cabina de la plaza de la Constitución, la Semana Santa hecha persona, 48 pascuas a sus espaldas, y en todas dejándose la piel ante la humedad, con el incienso.

¿Mereció la pena? A esa pregunta no pude respondérmela ni con la experiencia que obtenía, ni por la recompensa del trabajo. La respuesta a esa pregunta llegó de lugares tan dispares como la Alameda Principal, Varsovia, Frankfurt o Melbourne. Son lugares donde sintonizaron la cadena para acercarse a la Semana Santa malagueña. Seguro que fueron más oyentes los que no aguantaron las lágrimas tras enviar sonidos de Manuel Alcántara y su ensayo por el Cristo de la Buena Muerte, o con una canción de esas que no tiene mas que un violín y un coro de niños. Pudimos llevar imágenes a los oídos de esos malagueños, y mereció la pena.

Más allá de las señales horarias hay personas dispuestas a trabajar duramente para llevar las emociones a los oyentes. Más allá de las señales horarias está la razón por la que merece seguir otra noche más. Más allá de las señales horarias se encuentran los motivos para ser periodista.

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Un pensamiento en “Más allá de las señales horarias

  1. Resulta curioso como uno se ve reflejado en otros más jóvenes. La ilusión, las nuevas experiencias que dejan una huella, prestar atención a ciertos detalles… Hace treinta años estaba uno como ahora está Joselu: empezando a vivir.

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