Operación Évole

Pido perdón por subir este artículo con retraso. Sin querer defenderme de mi irresponsabilidad, he estado malo de viernes a domingo. No me encontraba capacitado para escribir, y no lo he hecho. Aun así, cumpliré mi “compromiso” de manera tardía, pero lo hago con mucho gusto.

En uno de los primeros días de clase en mi nuevo proyecto -graduarme en Periodismo-, nos preguntaba una docente por qué habíamos elegido este oficio. Ninguno de nosotros supimos responder más allá del “me encanta” o “he nacido para esto”; palabras vacuas de argumentos para elegir un trabajo que parece más una condena que una bendición. Entre las sugerencias de la docente, lanzó la siguiente: “estar cerca del poder”. Sentó como una sentencia, como el adjetivo que usa un poeta que suena y significa como quieres y no podrías haber usado antes porque no te lo planteabas.

El periodista tiende a situarse cerca del poder, a olerlo e incluso a jugar al pádel con él. Puede conocer qué se cuenta cuando los micros de una tertulia política están cerrados, o tomar parte en las reuniones más importantes de los órganos de dirección de un país.

Foto: La Sexta.

Foto: La Sexta.

La semana pasada salía a la luz Operación Palace, un trabajo sobre las reuniones que se celebraban en el hotel madrileño para preparar un falso golpe de estado: el 23-F. El film está dirigido por Jordi Évole, periodista y director de Salvados, programa de reportajes que se emite los domingos en el prime time de La Sexta. Antes de empezar con los spoilers, les dejo el enlace a la película.

A partir de esta línea, el autor no se hace responsable de los spoilers que se produzcan en este artículo. Léalo bajo su responsabilidad.

El trabajo sitúa, en primer lugar, a los protagonistas de las reuniones que se llevaban a cabo en el Hotel Palace. Entre ellos, el presidente del gobierno, el de la oposición, el secretario de la Casa Real y los diferentes dirigentes de los partidos con representación en el Congreso. El problema que abordan es el golpe de estado que los militares pueden perpetrar en una España recién nacida en democracia. La solución que convence a los reunidos es realizar un falso golpe destinado al fracaso para demostrar a las fuerzas militares el pronóstico de atentar contra el poder político.

Yéndonos al final, la película revela que los archivos sobre el golpe de estado continúan custodiados por el Tribunal Supremo de Justicia, y solo serán desclasificados 50 años después del fracaso golpista (en 2031) o tras haber pasado 30 años de la última muerte de alguno de los condenados tras el juicio del golpe. Por lo tanto, el trabajo concluye en una broma, un montaje y una demostración de cómo los medios de comunicación pueden mentir y mantener en vilo a una audiencia que, si bien algunos llegaron a divertirse u ofenderse, otros (como mi madre y su madre) levantaron el teléfono para concluir que “nos han tenido engañados durante 30 años, qué fuerte”.

Foto: lavozlibre.com

Foto: lavozlibre.com

A mi parecer, el trabajo de Évole es magnífico. Lo volví a ver el jueves, y pude ver que la trama tenía sus parecidos con Crónica de una muerte anunciada, donde sabes cómo terminará, pero te vas divirtiendo con el transcurso de la historia. Observé cómo los planos y las entrevistas tuvieron que ver en la credibilidad de la historia, así como las actuaciones de los protagonistas de la producción: desde José Luis Garci hasta Iñaki Gabilondo, incluyendo a los representantes del CESID y la Casa Real en 1981; testimonios que no pasaban desapercibidos. Fue un éxito de audiencia, y consiguió lo que cualquier profesional de la publicidad y el márquetin desea: que se comente y debata hasta la saciedad.

Pese a cumplir los objetivos de Évole, el periodista dejó grabado un mensaje de disculpas a aquellos que se molestaron con el falso documental. Aunque es un gesto educado, los espectadores que llegaron al final conocen que fue una broma de El Follonero, el antiguo pseudónimo que el director del trabajo tomaba cuando Salvados era un programa de humor y sátira del poder político para no buscar mas que la risa en el seguidor del personaje que nació en Buenafuente. Un antiguo humorista que pide perdón por una película cómica, aunque en las campañas de publicidad y en los primeros momentos de la producción, parezca todo un documental de investigación y revelación. Raquel Martos decía aquello de “nunca pediré perdón por hacer chistes. El humor no es más que humor”.

Y lo más triste, es que Gila nunca pidió perdón.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s