¿Cómo sobreviví a la Biblioteca General?

Esta entrada va para aquellos estudiantes que van a estudiar. No es una redundancia, es que cada vez hay menos.

Cortesía de Wikipedia.org
Foto: Wikipedia.

En estas fechas tan señaladas, los universitarios abordan las bibliotecas en un vago intento de concentrarse para estudiar las asignaturas. El autor de este blog, como estudiante de la Universidad de Málaga e intentando hacerme el creido entendido para estas situaciones, os presento una guía no-tan-cómica de cómo sobrevivir a la Biblioteca General en 8 pasos.

1) La hora de llegada
Se recomienda aparecer con las legañas a la primera media hora que esté abierta la biblioteca, entre las 8:30-9:00 de lunes a viernes. Los fines de semana hay que tener en cuenta la gran cola que se forma mucho antes de la apertura (a las 9, esta vez) por lo que se recomienda perder la noción del día de la semana para no perder tu preciado asiento. Esto es, empezar a no distinguir entre el jueves y el domingo.

2) El asentamiento y el “sentamiento”
Sala grande? ¿Semicírculo? ¿Dónde la ventana que vemos la Louis Pasteur? El lugar en el que te sitúes va a ser un determinante de cara a la concentración. Evita los asientos que estén de cara a las puertas de entrada. Se recomiendan unas vistas a la estantería de los manuales de derecho y química. Están prohibidas las ventanas y sitios cercanos a los aseos. Evito las recomendaciones acerca de la postura en el asiento, ya que ni soy un entendido de la materia (mi espalda lo corrobora), ni será sana cualquier postura que adoptes tras más de 10 horas diarias sentado delante de unos folios.

3) El estudio matutino, punto de inflexión
De vital importancia esas horas de concentración matutina. Si la fuerza de voluntad no te lo impide, serás capaz de quitarte hasta un 43 % de lo planificado para el día. Son muchos los caídos en combate con la excusa de “uf tía, estoy súper agobiada, salgamos a fumar”. Nadie dice que el descanso no sea necesario, pero sí prescindible si llevas 15 minutos en la biblioteca y tu concentración está bajo control.

4) El descanso
O “el recreo”, que no tiene sirena ni profesor que te toque las palmas para decirte que ya basta de descansar. Por la mañana, con uno será suficiente (aunque aquellos que salen 7 veces por hora no estén de acuerdo). Se recomienda no sacar conversaciones sobre exámenes a realizar, mientras que los comentarios sobre el frío o el asqueroso café de máquina suelen abundar. ¿Duración? La que uno necesite, aunque teniendo en cuenta que tu sitio peligra si te excedes demasiado (véase siguiente punto).

5) Situación comprometida: te han quitado el sitio
Illo, que yo había dejao los apuntes encima la mesa”, “con la pechá de sitios que llevan horas sin ser ocupados”, “aquí estaba yo, quitaté que he salido 30 segundos” y “quítaselo a esos que se han ido de compras y no van a volver hasta después de comer” son las excusas que más se escuchan; conversaciones entre susurros, palizas silenciosas o miradas que deben respetar el ambiente de estudio, las armas. Antes de todo, he de informarte que la reserva de puestos de lectura (o habitáculos donde estudias y visitas tu Facebook y la página de “Ligoteos”) se limita a 15 minutos, 900 segundos o un cuarto de hora, dependiendo de la transigencia del demandante del puesto. Si te excedes de ese tiempo, te encuentras en un vacío legal del que no te sacará ni el bibliotecario. Dará igual los elementos que has dejado encima de la mesa, el que realmente desee un sitio de la biblioteca quitará cualquier portátil, fiambrera, folio o fluorescente rosa para invadir un territorio de estudio. Mi consejo es pedir a alguien que esté atento de tu puesto, ya que el cazador del sitio puede achantarse con un “eh, que ahí hay gente, coge otro sitio por favor, como el de aquel que se ha ido de compras y no va a volver hasta después de comer”. Cordial, elegante, “sensillo” y sensato.

6) Situación inversa: tienes que quitar un sitio
Lo primero que debes hacer es comprobar que REALMENTE no hay otro sitio. Te
evitará un momento de tensión y no tendrás que fastidiar el día de nadie. Una
vez hayas chequeado hasta los asientos de minusválidos, fíjate en una zona
donde haya muchos apuntes y pocas personas: lugares donde “saldría más papel
ardiendo que gente” (frase de mi compañero Clemente Molina,todos los derechos reservados) que son sinónimo de excesiva vagancia estudiantil. Acércate sin miedo a alguien que siga en la sala para preguntarle el tiempo estimado que no hay nadie en esos asientos. De esta manera comprobamos que esa persona no es la encargada de guardar esos sitios. Si su respuesta es “no lo sé” o “hace ya un rato”, tienes vía libre.

7) El almuerzo
Aunque existen muchas vías de nutrición durante la estancia en la biblioteca, aconsejo la que estuve usando casi todos los días. El tupper será tu amigo durante las semanas de estudio porque: 1, es la que permite no engordar y mantenerse comiendo de una manera no tan nociva como el bocata diario; 2, es la más barata; y 3, es la más rápida para evitar que algún insensato te robe tu puesto de estudio (véase 5) Situación comprometida: te han quitado el sitio para más información). Hay que tener en cuenta las grandes colas que se forman en el único microondas de la biblioteca (que no cumple las necesidades de los estudiantes ni por asomo) a la hora de comer, por lo que se aconseja adaptarse a un horario europeo: comer a las 12.

8) La salida
Si se trata de la última vez que te marchas de la biblioteca, debes dejar una buena impresión y no hacA QUIÉN VOY A ENGAÑAR. Es en ese día que ya no tendrás que volver a la biblioteca hasta junio (o abril/septiembre) en el que te puedes despedir como quieras. Puedes dejar la silla encima de la mesa, como en primaria; largarte por los pasillos silbando y cantando; abrir una bolsa de nachos bien crujientes y empezar a comerlos; etcétera. Saborea ese momento, que acabará llegado.

Como habéis visto, dejo de lado temas muy ambiguos en los que gran parte de la comunidad umeña puede discrepar (vestimenta, bebidas, acompañamiento). Pese al haber elegido un enclave tan significativo como es la biblioteca en la que he pasado 11 horas diarias durante 3 semanas, estos consejos pueden aplicarse a cualquier lugar de estudio colectivo que se precie y estudiante de cualquier universidad

Y lo más triste son los tacones.

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2 pensamientos en “¿Cómo sobreviví a la Biblioteca General?

  1. Hace muchos años, en ocasiones, más de los que desearía, recuerdo que “tu biblioteca” era “la casa de mi amigo Miguel”. Nuestro ritmo era aún más exagerado (de 12 a 14 horas diarias) si bien con ciertas pausas: aquellos cafés de “Melita” para mantenernos despiertos, aquellos discos que poníamos en el tocadiscos (no existían los CDs), Synchronicity de Sting y compañía, y la maestria de Miguel con su Fender… ¿Añorados tiempos?

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