‘Yoes’

Esto no es un artículo para los gais, los deportistas o los cocineros y padres de sus hijos. Este artículo es para las personas y los que leen desde la humanidad.

2014-winter-olympics-5710368030588928-hp El otro día, una compañera me repitió eso de “Joselu, cuando te vi por primera vez, parecías gay”. Hace años, lo escuchaba y me cabreaba, ruborizaba y deprimía: no concebía un yo que tuviese relaciones con otros hombres. Esto explica que llegué a desarrollar un “tumor” homofóbico, ya extirpado, tratado y bien eliminado. La última vez que me dijeron que me consideraron homosexual no hubo ni tristeza ni euforia, sino indiferencia. No porque me dé igual la imagen que ofrezca a primera instancia, sino porque no me creo que mi sexualidad sea uno de los detalles más destacables de mi persona y personalidad. ¿Importa? ¿Es necesario mencionarla? Preguntar es correcto. Señalar, no.

 

Nací en el 95, por lo que he sobrevivido a 5 Juegos Olímpicos. De verano. Porque los de invierno parece nada interesan en la comunidad. ¿Cómo van a ser relevantes los deportes de nieve si en Málaga no cae un copo desde hace más de medio siglo? A eso le añadimos el número de veces que he practicado un deporte de competición sobre polvo/polvo dura: cero.

Pero algo que me parece precioso de esta competición internacional (la de febrero o la de julio-agosto) son los valores transmitidos por el espíritu olímpico: la paz, la solidaridad, la tolerancia, el deporte y, por encima de todo, la humanidad. Así abría Google su portada del 6 de febrero de 2014, con uno de los fragmentos de la Carta Olímpica:

La práctica deportiva es un derecho humano. Toda persona debe tener la posibilidad de practicar deporte sin discriminación de ningún tipo y dentro del espíritu olímpico, que exige comprensión mutua, solidaridad, espíritu de amistad y juego limpio.

La lectura y entendimiento de esta carta (magna, para mí) es todo un nexo entre las diferentes culturas que pueblan el planeta. Es toda una Constitución que no acepta quejas ni reformas –cosa que no veo igual con el citius altius fortius–. Cada celebración olímpica vuelve a desempolvar este escrito para decirnos “mi paz os dejo, mi paz os doy. Competid siendo deportistas de honor. Competid siendo personas”.

¿Y cuántas diferencias hay entre una persona y un deportista de honor? Pocas, de las que solo se me ocurre una: la primera no eligió serlo, el segundo sí. El deportista ni siquiera es mejor persona, pero es una persona que disfruta lo que hace porque quiere hacerlo “mejor que sí mismo”.

“Mejor que sí mismo” es la verdadera competición: el yo bueno contra el yo aún más bueno. En ese yo no existen sexualidades, ni sexos, ni rasgos diferenciales. Es ahí donde reside la mayor tontería de unos Juegos Olímpicos: la discriminación de yoes por la convicción sexual, la competencia moral impuesta, la absurdez de intentar cambiar algo de la Carta Magna Deportiva.

 

Y lo más triste es que necesitamos movilizar a toda una sociedad por una causa que debió estar ganada hace muchos siglos. Y estamos a un 9 de febrero de la segunda década del siglo XXI, del tercer milenio del calendario gregoriano.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s