Dinamarca huele diferente (I)

 

-Diferente. No te entiendo.

+Normal que no me entiendas. Un olor ya es difícil de describir, de por sí.

-Inténtalo.

+Puedes caminar por una calle, y acercarte a la frikadeller que están cocinando. He pasado por cubos de basura que no olían mas que a vacío, y por calles de orín insoportable. Es la tierra mojada, de la manera que es. Incluso se me transforma el olor del sudor.

Quizás no fue el primer sentido que me atrajo de Jutlandia, pero sí el que más me impactó. Me he convertido en un hombre que huele, olfatea y saborea con las fosas. Y para mi impresión, desconocía que un cambio de lugar también implica un cambio en la gama de olores. No así, no tan chocante. Y no solo en el olfato (por supuesto).

Sendero

Una ciudad húmeda, involucrada en el mar y con lluvias abundantes tiene que oler a tierra mojada. Prados, llanuras y zonas verdes que han llenado (y siguen llegando) Aarhus. Eso me destacó: pasear por la hierba como el que va aquí por la acera. No hay mucha cuesta (sabéis que es un país sorprendentemente plano), lo que facilita los medios de transporte propulsados por fuerza humana: bici, bici en el carril, bici con carrito y cesta, bici con muchacha detrás, bici con muchacho en posición indescriptible

Bicicletas en Barnegadspladsem

Por supuesto que si nos adentramos en la zonas más metropolitanas, nos encontramos con una gama diferente y ardua de describir de olores. ¿Restauración? ¿Textil? Todas las calles olían a algo. Algunas las echo de menos. Otras me alegro que se quedasen allí. Al igual que en Málaga, existe un río que cicatriza el centro histórico con los barrios de la ciudad. Al igual que en Málaga, existe un proyecto de mejora del mismo río (de su cauce, de su saneamiento, lo que sea). Al igual que en Málaga, se convierte en papelera improvisada, de vidrios y bicicletas.

Canal Aarhus

Las entradas de los domicilios también tienen su hueco en esta entrada. En los pisos con escaleras, la madera era lo primero que te llegaba al olfato, seguido del hierro o del olor a zapato que quedaba impregnado en las entradas de los apartamentos. Mi casa de acogida, en particular, destacaba por un olor a moqueta y a perro que ha jugado en el barro y quiere que le acaricies. No hay pestillo, sino una llave en cada puerta de cada habitación. Las ventanas no son como nuestras ventanas (diferentes), y las paredes de las casas adyacentes permeaban el sonido con suma facilidad. Eso sí, bien calentitos, que estamos en agosto.

Casa danesa

Hay algunos olores que aún me cuesta describir. ¿A qué huele el puerto de Aarhus? A puerto desordenado. ¿Y la Akademi? A café gratuito (su calidad lo valía). ¿Y los aseos? Depende del precio que cueste su uso.

-Deberás estar fascinado.

+Hay algunos olores que me costará mucho olvidar.

-¿Cuál, por ejemplo?

+El del 7 Eleven. Todos, todos exactamente, huelen igual. Al menos, en la entrada. Desde Hasselager hasta Djurs.

-¿Y a qué huelen?

+A pastelería y repostería con salchichas y sánwiches.

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Un pensamiento en “Dinamarca huele diferente (I)

  1. Es interesante que, en vez de con las imágenes, te quedes con los olores. Yo siempre me quedaré con el olor a mantequilla de la casa en la que estuve en Francia, pero no de mucho más. Quizá si volviera a olerlos sin ver de donde son, los reconocería. Soy más de quedarme con los olores de la gente.
    Creo que, tal y como lo describes, no me importaría vivir en un sitio así.

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