Aprobadores

Aún recuerdo mi primer día de estudiante. Fue en la Educación Primaria, allá con 6 años, cuando intentaron enseñarme a tener una mejor caligrafía, que las mayúsculas eran más grandes que las minúsculas e incluso que nuestro cuerpo tenía cosas (algunas me daban mucho asco) por dentro. Fue una gran época aquel 1º de Primaria que ya queda lejano. Aprendí, me reí y viví como un chaval debe hacerlo a esa edad. Fue el inicio de mi carrera estudiantil. ¿Conocía lo que se me avecinaba?

Volviendo a mi ”senior year”. Las 24 horas de un día no son suficientes para seguir y plantarle cara al test final de acceso a la universidad. Época en la que la replicación semiconservativa me asusta hasta en sueños, mientras que los grandes filósofos de la historia chillan allá por el cerebelo impidiendo que me relaje. ¿Exagero? Seguramente. Y no por ello dejaré de preguntarme si de verdad el estudio diario funciona de algo, da resultado, conjuga en la vida profesional que (espero) me espera. ¿En qué momento de la etapa estudiantil cambió mi concepto de ”futuro”?

Te entregan la hoja de las preguntas. Te piden que la mantengas boca abajo, para no coger ventaja a los compañeros. ¿Acaso es una carrera? Al fin y al cabo lo importante es mi nota. Llegó la hora de ver el examen. Te das cuenta que lo que tienes delante tuya es algo que estudiaste de refilón, que no te lo sabías del todo. ¿Acaso sabías algo con total seguridad? La has cagado, te ríes y todos dirigen su atención a tus sonoras carcajadas. ¿Qué es lo que cobra más importancia ahora? Pues el examen, claro. Y cuando te das cuenta que la has cagado, que quieres ponerte a llorar como un descosido para poder llegar con la suma de puntos más alta posible. De la susodicha depende tu cuello, y pende del hilo que el profesor tiene cogido muy finamente. Pero él no quiere suspenderte. Él no quiere enseñarte nada. Él pretende darte las instrucciones para que, cuando tengas el toro delante tuya, sepas responder bien. Él quiere que apruebes. No te hace un estudiante. No vas 6 horas diarias a estudiar. Vas a aprender cómo aprobar un examen. No eres un estudiante, eres un aprobador de exámenes. Si el profesor lo ve conveniente, por supuesto.

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