Dermatológicamente utópico

Quedan recientemente atrás aquellas semanas en las que una respetable y viva discusión sobre un tema contra un punto de vista bastante más alterado que el de mi super-yo eran buenas discusiones. ¿Por qué contra un contrincante tan opuesto? Tenga oponentes dignos. Si no los tiene, consígalos, dijo Churchill. Un amigo invisible es inconcebible. Sería demasiado aburrido conversar con alguien que tiene exáctamente la misma opinión que , dijo alguien.

Pongamos un ejemplo de la tesis inductiva en cuestión:

Una persona ciega que lleva una camiseta de un determinado color (no conoce cuál es, solo sabe que lleva una camiseta puesta). Le preguntará a alguien sobre el color de su prenda, y este le responderá “tu camiseta es azul”. El ciego creerá que su camiseta es realmente azul, aunque no pueda curar su ceguera y conocer el verdadero color de la camiseta.

Sin embargo, una tercera persona se acerca y dice “esa camiseta no es azul. Es roja”. El ciego podrá optar el camino de la primera persona y reiterar hasta el infinito que su camiseta es azul, pese a que otra persona le ha dicho otro color diferente de camiseta. También puede comenzar a dudar, y comenzar a buscar información que saque a la luz el color de su camiseta. El ciego jamás podrá conocer el verdadero color de su camiseta, pero se empeñará en buscar una respuesta concluyente a dicho problema.

Quedando explicado el ciego y las otras dos personas, pasemos a darle un giro kantiano a la misma hipótesis.

Suponiendo que las otras dos personas que han intervenido en decidir un color de la camiseta ahora han perdido el sentido de la vista, y el individuo que antes era ciego ahora ve perfectamente, los conversadores debatirán y afirmarán que la camiseta del individuo es del color que han declarado, mientras que el poseedor de la camiseta conoce el verdadero color de la misma, los conversadores no harán caso al ciego ya que cada uno de ellos piensan que tienen razón, y el resto no.

 

Concluyendo ambas hipótesis a la vida real, podríamos deducir que la sociedad  es un grupo de personas que debaten sobre el color de la camiseta, aun siendo ciegos y sin haber investigado anteriormente la tonalidad de la misma, o sin ni siquiera conocer si dicha camiseta existe o es fruto de un génesis de debates que nos entretiene y aparta de lo que realmente importa.

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