Aquellos magníficos días

El gordo. Los mantecados. El turrón (de suchard, grande donde los haya). Las luces. La cabalgata. El papel de regalo. El frio (nieve no, FRIO). Las uvas. El roscón. Los petardos. El ruso, el mestizo y el negro (sin ofender). El árbol. El rosco de vino. El cava. Aquellos magníficos días de navidad están a punto de repetirse, otro año más.

Yo soy de los que piensan que la navidad está hecha para regalar y reunirse en familia, nada de religión ni de misa del gallo. Ayudar, regalar, querer, jugar, y todas esas cosas que solo (ya sin acento) puedes hacer durante el periodo de 39 dias que considero que dura la navidad: desde el 1 de diciembre hasta el 8 de enero. Aunque las luces parecen que estaban puestas desde agosto, ayer (27 de noviembre de 2010) se encendieron oficialmente. No me parece mal renovar el alumbrado, aunque considero que hubiese estado mejor utilizar material del año pasado, ”reciclar” la iluminación, ya que solo (tambien sin acento, ya no aviso más) han reciclado el árbol de la Plaza de la Marina.

Árbol de día.

 

 

 

 

 

 

 

 

Árbol de noche

 

 

En cuanto a los regalos, os cuento los mios:

  • Bicicleta: vehículo minusvalorado, no contamina, se hace ejercicio y va más rápido que el transporte público.
  • La España fantasma: libro con fotografías de España durante la final del mundial.

Nada más. No creo que me haya excedido.

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